domingo, 1 de agosto de 2010

Ni chicha ni limoná


Por: Maricela Hoyos.

El 15 de julio de 2010, el gobierno Argentino aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo después de una reñida votación y numerosos enfrentamientos contra opositores a dicha propuesta. Teniendo en cuenta que el austral país es el primero en América Latina que se atreve a aprobar un asunto de tanta controversia, podría decirse que de una vez por todas, se están dando pasos importantes hacia un camino que tenga en cuenta a la diferencia, sin que sea ésta misma la que reste atributos de dignidad a los seres humanos, sino que al contrario, demuestre el gran valor que la diversidad otorga a la calidad de los mismos.

En Colombia, las parejas homosexuales -según fue aprobado en la sentencia C-811 de 2007- tienen derecho a afiliarse a la seguridad social dentro del mismo grupo familiar; sin embargo, no se les reconocen los mismos derechos patrimoniales a los que accedería una pareja heterosexual aún conviviendo en “unión libre”. ¿Cómo puede entonces hablarse de respeto por la diversidad y más aún de igualdad de condiciones en una Constitución que categoriza a los sentimientos por el simple hecho de que los mismos no se den dentro de una unión tradicional? ¿No será más bien, que no hemos salido todavía de la etapa en la que la iglesia sigue mezclándose en asuntos que no le conciernen? ¿Cómo podemos decir que vivimos en un país en el que la libertad se respeta y se hace valer, si ni siquiera las leyes son claras y consecuentes en su prédica? Tal vez si Colombia se pusiera los pantalones que se puso Argentina y dejara de estar buscando darle gusto a todo el mundo, ignorando las necesidades de sus mal llamados “hijos”, este sería un país quizás odiado por muchos, pero más amado y respetado por sus habitantes o acaso, ¿Quién no se sintió orgulloso de su padre o su madre cuando le defendió de un profesor al que se le “iba la mano” en la norma?

La Biblia dice que Dios vomita a los tibios y mientras no nos atrevamos a ser valientes y “salir del closet” aceptando las consecuencias con dignidad, no podremos seguir reclamando que vengan otros desde afuera y nos valoren como ni siquiera nosotros somos capaces de hacerlo.

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